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Hernán Casciari, escritor argentino con un tono entre cómico y reflexivo, empieza el libro “España, perdiste” (recomendable para argentinos en España, no así para españoles) con el tema estrella de este post: lo que hacemos en el baño durante el bonito acto de defecar, hacer caca o popó, ir de vientre, echar un truño, plantar un pino o, como prefiero llamarlo personalmente: CAGAR.

¿Qué tiene que ver ese lugar sagrado que mi padre alguna vez definió como el único sitio donde “se caga el más valiente, y hace fuerza el más cobarde” con el marketing? A simple vista, nada, pero a fin de cuentas, ¿hay ALGO que no tenga que ver con el marketing?

El tema es que en el post-partido, gozamos de un inestimable momento de privacidad absoluta que, si uno vive solo, es simplemente uno más pero que si uno vive en pareja o, peor, con hijos, es casi un momento de gloria.

Siempre pensé que la sensación de alivio que nos da ir al baño cuando uno tiene ganas, pero cuando uno tiene ganas DE VERDAD, compite cuerpo a cuerpo con el mismísimo orgasmo, y sumado a ese momento gratificante de soledad en el que nos habíamos quedado, resulta en algo realmente mágico.

El planteamiento, entonces, es: ¿Cómo es que ninguna marca se asocia a este momento… a esta magia?

Yo no digo que Marlboro tenga que hacer una publicidad en la que se vea un tipo en el baño fumando un cigarro (sobre todo porque ahora las marcas de tabaco no hacen publicidad de nada), o que Apple ponga a una persona con el móvil en la mano jugando con cualquier aplicación, con una cara de satisfacción que le haga honor a ese momento, pero es cierto que, salvo pocas y honrosas marcas de papel higiénico, en general la publicidad prefiere tener un baño limpio a mostrar a alguien después de ensuciarlo.

Ya se, ahora los puristas me dirán que si se asocia un producto a la “caca”, el mensaje que se transmite no es el adecuado, pero yo no hablo de eso. Yo hablo de asociar algún producto, a uno de los momentos de máximo placer experimentado diariamente. Además, en el marketing estamos todo el día midiendo el target: ¿Cuántos son? ¿Dónde viven? ¿En qué trabajan? ¿Qué ropa usan? ¿Cuánto ganan al mes? ¿Clase baja, media, media-alta, alta, ricos, celebrities? Preguntas, preguntas y más preguntas… En este caso, no habría que investigar porque TODO EL MUNDO CAGA. Nuestro target es la población mundial… ¡Hasta los chinos!

Obviamente, las empresas dedicadas a la alimentación y bebidas lo tienen complicado. Poca gente habrá que le guste comerse una hamburguesa en ese preciso instante, aunque no tengo del todo claro que alguien no pueda degustar una rica Coca-Cola bien fría, con hielo y una rodajita de limón, en el afterwork.

Un sector que podría arriesgar son los que hacen el mismo mobiliario de baño. Me imagino una publicidad de Roca, haciendo tapas de inodoro ergonómicas, tapizadas de colores, que no estén congeladas en invierno (fundamental). Sería algo así como: “Para ESE momento de placer…” ¡Qué bonito!

Los periódicos podrían ser más agresivos también. Están perdiendo cuota de mercado. Ahora van de modernos sacando aplicaciones para los distintos dispositivos móviles, pero yo me pregunto: ¿Dónde han quedado esos revisteros que solíamos encontrar en los baños? Las revistas porno en las casas de los solteros, que se veían por más que intentaran esconderlas, la revista “CARAS” (o la “HOLA” en España), el suplemento de los domingos, que nos duraba toda la semana… Ahora, como en una casa haya wi-fi, e incluso sin ella, la cagamos (nunca mejor dicho). Todo el mundo se lleva el iPad, el iPhone, o lo que tengan a mano al baño a elegir entre todas las innumerables apps disponibles… Si mi abuelo levantara la cabeza.

Como conclusión, y para ir terminando (que a la gente no le gusta leer demasiado en internet), es un momento claramente desaprovechado por las marcas. Deberíamos tenerle menos respeto, más cariño y reconocer que, una vez consumado EL ACTO, no tiene nada de asqueroso, sino que por el contrario, es un momento de paz, alivio, tranquilidad y que, de cuando en cuando, hasta permite algún que otro exceso que no tiene nada que ver con el iPhone, pero que será objeto de otro post.

Un saludo especial para Kotler.