Así, como si fuera parte de un verso de “Noches de boda” de Joaquín Sabina, comienzo este mini análisis ‘marketinero’ acerca de Jorge Lorenzo.

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Me gustaría ver a un gran deportista cuando pienso en él. Los resultados que ha obtenido en su trayectoria avalarían un hueco, y grande, en esa categoría. También podría ocupar un lugar en el selecto grupo de la generación del ’87, junto con Messi, Vettel…

¿Pero no tenéis la sensación de que su posicionamiento lo ha catapultado a un personaje público que tiene una increíble habilidad para conducir una moto, más que a un piloto con derecho a roce con el olimpo de los deportistas?

Si hay algo que no se le puede achacar a Lorenzo es que sea un tipo gris. Lo quieres o no lo quieres. Es algo así como el Guti del motociclismo, pero esa bipolaridad que genera le otorga un mercado que explotar.

La estrategia es clara y consistente desde el principio. Ya en sus primeras victorias comenzó con la idea de la bandera marcando sus Lorenzo’s Lands, inventándose una celebración diferente en cada una, e intentando, por qué no decirlo, ocupar de una manera original ese vacío que estaba dejando la ausencia de títulos de Valentino Rossi.

Creó un Lorenzo a imagen y semejanza de un alguien simpático y triunfador, que no se interesa nunca por las formas, que nada en dinero y que está rodeado de hermosas mujeres (véase el censurado anuncio de Monster). Casi irreverente, exagerado en el festejo y enfurruñado en la derrota, es un personaje al que se le aprecia porque “él es así”.

Sin embargo, también es cierto que es difícil mantener ese ‘status’ sin éxitos, y después de la irrupción de un intratable Márquez, le toca remar desde atrás y casi desde el silencio. El salto con el que celebró su primer puesto en el mismo gran premio que el Gran Marc levantaba el título, habla a las claras de esa rabia contenida, de quién es y qué quiere para el futuro, pero por el momento deberá esperar a que este nuevo huracán que ha venido a derribarle su estructura, baje la guardia y deje de soplar.

Lorenzo jumps into the air as he celebrates winning the Japanese Grand Prix at the Twin Ring Motegi circuit

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Quizás con la vuelta del éxito, si es que vuelve, suelte otra vez a ese niño al que no le importa decir lo que piensa en cualquier situación y delante de cualquiera, al que uno quiere porque admira, pero que de vez en cuando nos arranca un “ya le vale”.