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En el fútbol siempre hay que ganar. Lo importante es hacer más goles que el rival y llevarse los 3 puntos a casa. Hasta que aparece un estilo que cambia las reglas, y hace que el cómo sea más importante que el resultado, y que ponga en jaque la objetividad de los números.

Y los estilos nunca vienen solos. Siempre vienen con jugadores como bandera, actores que marcan épocas. Es imposible hacer una disección entre el ‘Jogo bonito’ y Pelé, el Fútbol moderno y Cruyff o entre Xavi y el ‘tiki-taka’.

Xavi es la bandera de un estilo que ejerció una dictadura futbolística. El ‘tiki-taka’ es una novia que todo el mundo quiere tener, el amor platónico de todos los románticos del fútbol, ese lunar de Marilyn Monroe… y obviamente no acepta compartir la cama con otras. Te exige mimarla con posesión en ¾ de cancha, presión alta, un arquero que no la reviente, centrales jugando en campo contrario, circulación rápida, laterales que ofrecen, generosos, sus espaldas y una fidelidad y devoción por el balón innegociables.

¿Y alguien se imagina a un Padrino que no sea Marlon Brando, o al ‘tiki-taka’ sin Xavi? Imposible, ¿no? Es un matrimonio irrompible, inquebrantable, pero al que el tiempo está haciendo dormir en camas separadas.

Hace más o menos un año, cuando Gerardo ‘Tata’ Martino asumía como nuevo técnico del Barça, dijo que a ese equipo no le hacía falta una gran revolución, sino más bien retoques, variantes que se conjugaran con el ‘tiki-taka’. Esos cambios muchas veces prescindían de Xavi, quien veía cómo la pelota volaba sobre su cabeza, más que bailar en sus pies, y surgía la figura de un tercero en discordia, una vieja novia llamada Fábregas.

Las decisiones de la familia ya no las tomaba Marlon Brando, las autopistas aéreas llevaban la pelota más rápido al arco contrario que cuando viajaba por la vieja Ruta 66, Xavi ya no marcaba el tiempo, y ese matrimonio, que incluso llevó a ‘La Roja’ a ganar la estrella más deseada de todo el sistema solar, fue siendo testigo de cómo tenía que irse con la música a otra parte.

La estocada final tuvo dos nombres y un apellido: Diego Pablo Simeone. Su matrimonio con el ‘Atleti’ fue la nueva pareja de moda. Supieron retirar un estilo que siempre dejó ventajas en el fondo, pero que casi nadie sabía cómo aprovecharlas o, más bien, que el propio estilo no dejaba que fueran explotadas. Las autopistas de 5 carriles sin peajes que antes encontraban por el medio, fuera quien fuera que estuviera delante, se convirtieron apenas en carreteras comarcales sin asfaltar, y esos espacios a espaldas de la defensa que siempre estuvieron, pero que parecían censurados por los guardas Piqué y Puyol, de repente se abrieron a los equipos que, como quien recorre un museo, se sacaban fotos con las viejas glorias hechas cuadro…

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Pep Guardiola, celestina del matrimonio y autor intelectual del estilo, pareció encontrar esa mezcla perfecta entre el ‘tiki-taka’ y la verticalidad del fútbol alemán. Parecía que había mejorado incluso a un equipo que había vapuleado al amor de su vida y que lo había ganado todo. Inventó a Lahm de mediocentro, tuvo a Javi Martínez de Busquets, Thiago ‘barcelonizaba’ el juego, quiso a Mario Götze como punta de rombo, y tuvo a Schweinsteiger y a Lahm como las banderas, los míticos. Nos tuvo toda la temporada 2013-2014 haciéndonos pensar que era el nuevo cuco, que había enviado el estilo al gimnasio, que lo había puesto más ‘cachas’ y que había logrado la perfecta combinación entre la horizontalidad y la verticalidad.

Pero no… Vino Carletto con Sergio Ramos y le dio 4 golpes que mandaron al nuevo ‘tiki-taka’ a la lona. Nada se pudo hacer contra la velocidad del contragolpe de la BBC + Di María del Madrid.

Las sospechas acerca del ocaso del estilo volvieron a aparecer. El resultado ya se había impuesto a Xavi, y ahora lo estaba haciendo con Guardiola. Dos golpes duros; dos platos difíciles de digerir. Parecía que el fútbol volvía a preferir, como casi siempre, ganar como fuera…

Pero este matrimonio es como una actriz de Hollywood que hace todo lo posible porque no se le note el paso del tiempo. Ha saboreado la máxima expresión del éxito y está dispuesta a someterse a toda clase de cirugías para que nadie piense que está acabada. Y sabe que este Mundial de Brasil es su última oportunidad.

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Y a pesar de que Vicente del Bosque dijo que no era el talibán de un estilo, Xavi mantuvo en sala de prensa que él sí que moría por él. Se pusieron manos a la obra y hasta aceptaron negociar la incorporación de uno de los artífices de su declive en la Liga: Diego Costa. Había mucha expectativa por ver si el técnico de ‘La Roja’ era finalmente capaz de lograr lo que el ‘Tata’ y Pep no habían conseguido: darle esos retoques a un sistema de juego que, si bien sigue siendo espectacular, ya no gana partidos.

El escenario no era malo. A pesar de que el ‘partenaire’ era toda una potencia como Holanda, no daba la sensación de ser demasiado peligroso. Y allá fueron las huestes del ‘tiki-taka’ combinando circulación horizontal con los balones en largo a las espaldas de una defensa adelantada que a posta había colocado Van Gaal para generar dudas en unos intérpretes que no tenían claro cuando jugar en corto, y cuando hacerlo en largo.

El holandés partió el equipo en dos: 8 a defender y 3, y qué 3, para atacar. Eso sí, nunca hubo más de 40 metros entre el líbero y Van Persie, y eso fue suficiente para mandar otra vez al ‘tiki-taka’ a la lona. Los cinco goles fueron demasiado castigo para una debacle de la que nadie sabe si habrá vuelta atrás.

‘La Roja’ tiene un desafío muy complicado por delante. Tiene que conseguir resultados como sea, porque ya no hay margen de error. La cuestión estará en ver si sigue apostando por Xavi, y con él, por el ‘tiki-taka’. Hacerlo significaría morir, si es que muere, con las botas puestas. No hacerlo, implicaría correr el riesgo de morir igualmente, pero con el agravante de no poder mirarse en el espejo por haber prostituido a la vieja actriz de Hollywood.

Las lecciones del ‘Cholo’ al ‘Tata’, de ‘Carletto’ a ‘Pep’ y la de ayer de Van Gaal a Del Bosque, no son casualidad. Y Xavi lo sabe. De hecho aún no ha dicho si seguirá en el Barça o no, y patea balones fuera cuando se lo preguntan. Sabe internamente que si vuelve de Brasil triunfante, tendrá argumentos para seguir defendiendo a su pareja en el vestuario de Luis Enrique, pero también que si vuelve con las manos vacías, será mejor aceptar esa oferta multimillonaria que al parecer tiene de Qatar.

Quizás, como Pep, su predecesor, ese país sea un paso obligatorio para que algún día vuelva a liderar desde los banquillos una nueva época en la que el cómo vuelva a ser más importante que el resultado.